¿Quien dijo que el romanticismo había muerto?

¿Quien dijo que el romanticismo había muerto?

¿Quien dijo q el romanticismo había muerto? De eso nada, el romanticismo esta vivito y coleando y os lo puedo probar.

Hace unos pocos meses recibí una llamada desde el otro lado de la tierra. Después de mucho tiempo sin hablar, Alejo me puso al día de su vida….que vivía en Singapur hacía años, que le iba muy bien, que había encontrado a la mujer de su vida y que a pesar de la distancia (pues ella vivía en Barcelona) quería comprometerse con ella.

Así que necesitaba un anillo con el que pedirle que se casara con él. ¡Qué digo un anillo! ¡El Anillo! Estaba totalmente cargado de ilusión y energía y tenía las ideas muy claras. Así que, cambio horario de por medio, nos pusimos manos a la obra. Él me explicó su fantástica historia de amor y me estuvo definiendo tanto el estilo y el gusto de ella como sus preferencias personales. Yo tomaba nota de todo. Dibujaba mis bocetos y se los enviaba, algunas veces, cuando él ya dormía. A lo cual él me respondía, generalmente, fuera de horario… ¡Menudo jaleo! Al final logramos sintonizar en un horario práctico para los 2 y fuimos acotando poco a poco el dibujo ideal.

Y, como es habitual, una vez logrado el diseño final, ¡A por la piedra! y, en este caso, ¡A por el Diamante! Como ya os he explicado en otras ocasiones, el mundo de las piedras es todo un mundo y en el caso concreto de los diamantes, un mundo paralelo. Hay que elegir tamaño, color, calidad, talla…. Es como un cursillo avanzado para los novios. Aunque por suerte, una vez más, Alejo lo tuvo claro, buscaba muy buena calidad y color.

De manera que una vez localizada la piedra en Amberes, nos pusimos a trabajar en el taller. El proceso habitual: hacer la pieza en oro, recibir la piedra, enviarla al clavador para que la coloque y, finalmente, pulir el anillo y darle el acabado final para que quede Perfecto.

Pero como ya os remarcaba antes, estábamos ante el Romanticismo en estado puro, así que de ningún modo aquello iba a acabar de esta manera. Alejo tenía otra brillante idea; compró un cuaderno de hojas blancas y cubiertas de cuero en una emblemática librería antigua del centro de Barcelona. Recortó, en la mayoría de sus hojas en blanco,  un cuadrado del tamaño del anillo para poder ocultarlo dentro. He de comentaros que durante todo el proceso de realización fuimos haciendo fotos de cada uno de los pasos que íbamos dando. Y, para que ella no perdiera detalle de la ilusión con la que había dado todos esos pasos que le llevaban al instante en el que él le regalaba ese símbolo de compromiso, le pegó una a una todas las fotos del proceso junto con, imagino yo, un escrito de aquellos que quitan el hipo. Los detalles del cómo se lo entregó él y qué dijo ella, ya quedan entre ellos…

En fin,  una historia preciosa que no quería dejar de explicaros y que es una muestra clara de lo mucho que me aporta mi profesión.

Muchas Gracias Alejo por pensar en mí para una ocasión tan importante y permitirme compartir algo tan especial.

¡Mucha suerte pareja y que seáis muy felices!

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