¿Por qué un rotor?

¿Por qué un rotor?

El primer mecanismo aplicado a los relojes automáticos que se daba cuerda a sí mismo, sin necesidad de intervención manual, se remonta a finales del siglo XVIII. Y desde entonces hasta nuestros días los relojes automáticos han ido entrando en todas las casas y no es raro tener por lo menos 1; digo por lo menos porque es habitual que algunas personas (generalmente hombres) utilicen exclusivamente este tipo de relojes.

Los relojes automáticos tienen una pieza capaz de acumular energía y liberarla para que la maquinaria funcione. Y para ello necesitan algo de movimiento. Este movimiento normalmente se lo damos las personas simplemente con el uso diario.

Pero, ¿qué pasa cuando no lo llevamos? Pues sencillamente que se para. La carga dura, como media, unas 40 horas y después se para. Y, aunque no pasa nada si son pocos días, no es recomendable cuando hablamos de largos períodos de tiempo o incluso años. Porque los aceites que mantienen la maquinaria se van evaporando lentamente y resecando las piezas lo cual a la larga afecta al buen funcionamiento del reloj.

Para evitar esto podemos usar los relojes a diario, moverlos un ratito cada semana, o utilizar un rotor automático que efectúe los movimientos necesarios. Y por ello hoy quiero que conozcáis los rotores Kubik. Este rotor consta de maquinaria suiza concebida para garantizar el número adecuado de movimientos bidireccionales que simulan el movimiento constante de la muñeca que necesita la maquinaria del reloj para seguir en perfecto funcionamiento. Además de ser súper silencioso consta de un diseño muy atractivo en forma de cubo con unas medidas ideales (10x10cm.) que permiten guardarlo incluso en la caja fuerte. Los fabrican en diferentes colores y se pueden acoplar varios, si así queremos.

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